Suerte

No puedo pensar más que en ponerme en contacto contigo de alguna forma para desearte suerte para estos días. Quiero apoyarte en tus exámenes y que sepas que estoy aquí para ti, pero no puedo llamarte, ni mandarte mensajes ni nada, porque si rompo el silencio otra vez más corro el riesgo de agobiarte por última vez y perderte para siempre.

Pensar que estás con él es una tortura. Pensar que eres feliz con él es una auténtica pesadilla. Pensar que todo lo que vivimos lo has olvidado y reemplazado en menos de un mes me hace dudar todo lo que fuímos.

Te quiero, te quiero sin medida, sin principio ni final. No sé cuánto te quiero por que te quiero todo. No sé quererte menos y cada día que pase, aunque no estés, te querré más.

Suerte Mi Niña.

Alta Fidelidad

¿Has visto Alta Fidelidad Mi Niña? Ahora me siento como el protagonista.

No lo dudes, si dudas, llámame, aquí estaré esperando una primera cita :)

Verte

Sé que no debo pero quiero verte. Sé que me desestabiliza más aún el verte y q te comportes como una simple amiga conmigo, pero quiero verte. Quiero escucharte. Quiero todo. Todo es lo que no puedo tener.

Me paso los minutos echándote de menos, consiguiendo dejar de pensar en ti sesenta veces por hora. ¿Tantas cosas hice mal? ¿Tan pocas hice bien?

Sueños

Desde hace semanas me despierto siempre en el medio del mismo sueño. Me despierto soñando que despiertas acurrucada en los brazos de otro, le sonríes y le dices que le quieres.

Todos los días amanezco de madrugada con el mismo sueño que no me deja volver a dormir. Es una pesadilla, una tortura sutil que me hace querer morir cada mañana.

Te echo tantísimo de menos. Tu sonrisa, tu calor, tus besos.

Recuerdo (V)

Recuerdo el día que nos empezamos a conocer, aquel día en el que hablamos durante horas en el Indio, el día en el que la cerveza se fosilizó en la botella mientras me contabas tu vida. Me encantaba escucharte, escucharte sin poder mantener la mirada en tus ojos azules. Era increíble, increíble. Fue la noche más rara y la mejor que recuerdo en mucho tiempo. La noche en la que creamos un lazo. La noche en la que me asusté de nuevo porque me podía enamorar de ti.

Fue ese el día en el que, al llamarme para ver en qué bar estábamos, tu teléfono se grabó en mi móvil. Ese teléfono que quemaba y me decía que te llamara.

Recuerdo el día que te llamé, y después de una conversación sin mucho sentido quedamos para que me dejases unos apuntes, pero sin los apuntes, y tomamos una cocacola, y nos reímos, y mi mundo no volvió a ser el mismo nunca más.

Coincidencias (IV)

Veo el programa de Password en Cuatro porque debe ser de lo poco que no me recuerda a ti, y hoy, sin venir a cuento, ha salido como palabra "Nikita". Creo que el mundo está de cachondeo.

Coincidencias (III)

Air New Zealand ofrecerá camas en clase turista. ¿Pero qué le pasa al mundo? Es el país perfecto para nosotros. ¿Por qué has tenido que dejarme?

Coincidencias (II)

Por mi mismo no puedo dejar de pensar en ti. A cada momento me vienen recuerdos y más recuerdos, y me invade un sentimiento atroz de pérdida. Te echo de menos tanto que parece que alguien me está arrancando las tripas.

Pero además de esto parece que el mundo se empeña en ser un gracioso: ya desde hace unas semanas un compañero de trabajo en la misma planta lleva una sudadera de los All Blacks y hoy ha sido noticia mundial que una escuela de Nueva Zelanda tiene todos sus sistemas de código abierto, un lugar en el que me encantaría estar.

Todo eres tú. Todo. Yo no quiero nada sin ti.

Llorar

No puedo dejar de llorar. Todo esto es una gran mierda. ¿Dónde estás?

Recuerdo (IV)

Te recuerdo cada vez que cocino. Es absurdo, pero cada vez que acabo de hacer una comida y apago el fuego de la vitrocerámica te recuerdo diciendo "Diego, hay que aprovechar el calor residual". Se me pone una sonrisa estúpida en la cara y acto seguido me deprimo profundamente. Supongo que es por eso por lo que últimamente casi no como aunque tenga hambre.

Creo que cociné para ti todas las pocas cosas que se me dan bien, o que por lo menos a mi me gusta como me quedan. Aunque fuesen tonterías como el pollo al curri, los sándwiches de pollo con queso y tomate, las pizzas-montaña al horno o los tortellini con jamón. Hice para ti lo que nunca hice para nadie, y lo habría seguido haciendo para siempre. Mejorando cada día por ver tu carita feliz cuando comías.

Nunca tuvimos tiempo

Nos pasábamos el día trabajando, cuando no era el uno era el otro. Durante la semana nos veíamos después de las diez de la noche durante un rato. Si te quedabas en mi casa a dormir no te sentías cómoda y si me quedaba en tu casa, al no tener carnet, te obligaba a traerme por la mañana. La semana se pasaba volando, viéndonos poco, siempre después de las presiones del día de trabajo, llenos de estrés y demasiado sensibles. Las discusiones estúpidas eran frecuentes.

Los fines de semana para ti eran maratonianos, trabajando el viernes por la tarde, por la noche, el sábado por la mañana y el sábado por la noche. El tiempo que estabas consciente estabas cansadísima. Yo intentaba cuidarte, dejarte dormir y hacer que te relajases. Pero no lo conseguía. No lo conseguía. Hacerte el desayuno y llevártelo a la cama, la comida y cuidarte no llegaba. Nada llegaba.

Ahora las cosas son más simples: tú ya no trabajas por la mañana durante la semana, sólo por las tardes. Y no trabajas la noche de los viernes. Tienes tiempo para que, aunque tengas que estudiar, tu vida sea más relajada. Esa es la vida que vives junto a él. La vida fácil. Por eso todo parecerá mejor. Es lo que pienso constantemente. Es lo que más me duele: él tendrá el camino fácil.

Estoy luchando por todo. Por acabar, por crecer, por ser mejor. Sé que soy mejor que él. Sé que puedo ser mejor de lo que soy ahora: Me sacaré el carnet y me compraré un coche de mierda que me permita ir y volver por mi cuenta, dejándote dormir cuando lo necesites, pudiéndote ir a buscar al trabajo por la noche, y turnándonos en los viajes. Limitaré el trabajo en el laboratorio a lo mínimo indispensable para que podamos pasar más tiempo por las tardes juntos y te diré más a menudo que el aikido es una afición, que el día que quieras puedo no ir para poder hacer cosas juntos.

No hago esto por ti Carmen, lo hago por mi, porque es lo que quiero en mi vida para ser feliz. Porque tú eres lo que quiero en mi vida para ser feliz. Porque podría vivir sin ti, pero no quiero vivir sin ti.

Porque, simplemente, Te Quiero.

Lo he hecho

Te he llevado la napolitana y te he dicho lo que pienso. Me da igual con quién estés, el tiempo que necesites, yo aquí seguiré. Te Quiero como quería Westley en "La princesa prometida", de forma incondicional y hasta la muerte. Por eso te hice ver esa película conmigo. Si debo convertirme en el mejor con la espada, vencer a gigantes, volverme inmune al veneno y derrocar gobiernos para recuperarte lo haré.

Nunca nada ni nadie me hará creer que no puedo hacer algo. Ya no.

Napolitana

Sé que estás trabajando a dos manzanas de aquí. Sé que podría acercarme en un segundo y darte una napolitana de chocolate como hacía a veces cuando estábamos juntos. Sé que podría hacerlo.

Si no lo hago porque has pedido espacio. Un espacio que me está matando cada segundo.

Alejarte

Necesitas alejarte de mi. Lo entiendo. Pero, ¿Por qué has tenido que irte con otro? No lo entiendo. Estoy desbordado. Y aún así te sigo queriendo.

Eres lo bastante fuerte para alejarte tú sola y centrarte en tu vida. ¿Para qué necesitas los brazos de otro? Otro completamente opuesto a mi. Alguien con autoestima artificial que estoy seguro podría derrumbar en menos de diez frases. Tan seguro estoy de mi mismo para algunas cosas.

A mi también me duele estar solo y no por ello correré a los brazos de cualquiera, de la primera que me de la más mínima muestra de cariño. Estaré solo. Ya no me tengo miedo.

Y aún así Te Quiero. Vuelve. Te esperaré mientras continúo arreglando mi vida, mi forma de ser, mi carácter.

Coincidencias

No sé que estúpido giro del planeta ha provocado que la Conferencia Internacional de Linux más importante del 2010 tenga lugar en Nueva Zelanda.

Todo el mundo me recuerda a ti y no porque lo busque, parece que el mundo quiere que te recuerde constantemente, y yo no hago más que preguntarme "dónde estarás?" y "para qué has hecho todo esto?".

Mis cambios están en camino, tanto de actitud como de carácter, por qué no me has querido lo suficiente para mantenerte a mi lado mientras lo consigo? No lo sé. No lo sé.

Recuerdo (III)

Recuerdo cuando empecé a vivir en este piso. Cuando no tenía muebles salvo dos tristes camas. Recuerdo cuando veíamos la tele tumbados sobre un colchón tirado en el suelo y nos quedábamos dormidos hasta bien entrada la madrugada.

Recuerdo nuestros besos, tu carita dormida, la pena que me daba despertarte para que nos fueramos a la cama y lo dulce que eras caminando medio dormida por el pasillo, con esa media sonrisa de niña pequeña diciendo "cama, cama" en bajito, hasta que te metías en la cama, sonreías completamente sin abrir los ojos y te quedabas dormida. Lo habría repetido cada día del resto de nuestra vida.

Te Quiero

Simplemente Te Quiero.

Aquí seguiré, queriéndote, en la sombra. Si algún día quieres darnos otra oportunidad no dudes, llámame. No lo dudes por favor. Llámame y tengamos una y mil citas.

Aquí seguiré. Queriéndote.

Te quiero.

No estabas

Simplemente no estabas. Por la razón que fuera no estabas.

Intento pensar cómo describir lo que siento cuando me paso el día esperando un momento que no llega. No es decepción, no es dolor. Es más bien derrota. Una derrota contra la que no puedo luchar, contra la que no tengo nada que hacer. Decisiones que escapan a mis manos.

Estoy cansado. Quería verte. Ni siquiera necesitaba palabras.

Sólo una sonrisa.

Vacío

Me siento vacío, viviendo en piloto automático llevado por lo que debo estar haciendo en cada momento. Desde que te fuiste los días no son divertidos porque no los paso esperando el momento de besarte y verte reír, de esas cañas con limón en las que nos comportábamos de forma extremadamente "parejil" (y me encantaba).

Me gustaba tenerte en mis sueños, poder pensar en un futuro contigo, me gustaba esa esperanza. No sé por qué te has ido (sí lo sé), y no entiendo por qué no quieres seguir intentándolo. No puedo rendirme. Jamás.

Quiero Nueva Zelanda. Quiero esos tres críos. Quiero una vida contigo.

Noches

Las noches sin ti son eternas y llevan a días eternos. Echo de menos el que me despertases cuando llegabas de trabajar de madrugada, ver tu carita a veces sonriente a veces cansada entrar por la puerta, cambiarte rápido y acurrucarte en la cama, conmigo. Y sentir que te relajabas, que se acababa la semana, que sólo quedaba el domingo. Un domingo que pasábamos juntos, sin pensar en nada más que nosotros, sin mundo fuera, sin prisas, sin nada más que besos, napolitanas de chocolate y granizado de limón.

Sueño con el sonido del teléfono móvil, con tu llamada diciéndome que ya estás llegando, cada noche. Cada noche sueño contigo.

Minutos

Hace nueve minutos y cincuenta segundos que empezaste a trabajar. Hace diez minutos que podría ir a verte. Sólo tendría que vestirme, salir de casa, caminar y allí estarías tú. Allí estarían tus sonrisas y tus palabras, mi tranquilidad, mi incertidumbre y toda mi esperanza.

Cada día que sé dónde encontrarte pienso lo mismo, a cada momento, durante cada minuto. Mi cabeza me dice que te deje tu espacio, que si esto es pasajero, necesario, volveremos a estar juntos, sólo debo tener paciencia. Mi corazón prácticamente me ata los cordones de los zapatos y me empuja fuera de casa.

Seguiré aquí, pensando en ti, recordándote, deseando que estés bien. Echándote de menos.

Neutro

Esta mañana fui al gimnasio con la cabeza llena de motivos contradictorios: quería ir para fortalecer la rodilla, para verte y no quería verte.

No es exactamente así, no es que no quisiera verte, tenía un miedo terrible a que durante una conversación estúpida mientras estábamos en el gimnasio me dieses cualquier señal de que habías seguido con tu vida. No ya sólo seguir con tu vida, sino hacer algo que conmigo sentías que no podías hacer, algo que me dejase pensando durante horas de cuántas cosas no me di cuenta mientras estábamos juntos.

Sé y siempre he sabido que si en algún momento me hubieses pedido que no fuese un día a aikido por hacer algo juntos, lo hubiese hecho, sin más. Sé que habría pedido días de vacaciones en el trabajo por pasarlos contigo y habría dejado de ir al laboratorio por las tardes. Yo lo tengo claro, pero supongo que nunca te lo hice entender a ti y por eso pensabas que debía salir de mi. Tú también podías pedir que cambiase cosas de mi vida niña, mi vida era vida porque estabas tú. Sin ti sólo era, y es, trabajo, deber.

Ahora nuestra relación es neutra, cordial. Me gusta poder seguir hablando contigo a pesar de que detrás de cada punto y coma pienso: "te está olvidando, sólo te quiere como amigo". Siento una mezcla entre tranquilidad y depresión cada vez que pasa esto, como si una parte de mi dijese que todavía queda esperanza y el tiempo hará que volvamos a estar juntos, y otra parte me recuerde la relación cordial que tienes con tus exnovios y que yo no seré más que un punto y seguido en tu vida.

Se me hace imposible imaginarme sin ti. Se me hace imposible no pensar en noches estrelladas abrazado a ti en una playa de Nueva Zelanda.

Dumbo

Mi historia en el fondo es como la de Dumbo. Me siento de la misma forma que debía sentirse él. Jamás he creído que yo pueda conseguir ciertas cosas y él jamás pensó que pudiese volar. Durante su vida se encontró con personas que intentaron ayudarle pero sólo algunos consiguieron hacerse paso en su cabezonería y pesimismo. Uno de los pocos que lo consiguió le dio una pluma, y le enseñó a creer que agarrado a ella podría volar.

Yo he conocido a mucha gente y creo que mucha ha intentado ayudarme mientras yo no me dejaba ayudar. De toda esa gente tú, y sólo tú conseguiste pasar todas las barreras y meterte bien dentro. Sólo tú has llegado a la distancia en la que soy totalmente vulnerable. Con tu empuje volví a salir de mi cueva, al menos tímidamente hasta la puerta, y poco a poco hasta me creí capaz de volar. Agarrado a ti.

Eras la pluma que me hacía pensar que podía volar, con la que conseguí empezar a hacerlo. Poco a poco dejé de necesitar que me lo dijeras y empezaba a creérmelo. Poco a poco estaba arreglando todos los problemas.

Nunca pensé que durante una de las épocas más bajas de mi vida, con el trabajo, el otro trabajo y las mil responsabilidades adquiridas que no eran responsabilidades obligatorias pero yo las creía así, decidieras quitarme la pluma y darme el empujón definitivo para que o vuele o me estrelle contra el suelo. Pero así lo has hecho y ya no hay vuelta atrás. O tú piensas que no hay vuelta atrás y yo espero que te acerques un día y me digas que me vas a acompañar en este puto infierno o esperarme a la salida.

Ahora no me queda más que evitar la caída y volar, y una vez que me mantenga por mi mismo volver a buscarte y, por muy cursi que suene, surcar los cielos de este puto mundo juntos.

Porque sin ti ningún éxito será victoria.

Tu final

Ayer me dijiste directamente que no me querías. Que ya no sentías nada por mi. Me lo dijiste. Esas palabras salieron de tus labios, cara a cara, y se clavaron en mi corazón haciéndolo añicos.

"Diego, no, ya no te quiero" -- Eso me dijeron tus labios mientras tus ojos me miraban intensamente. No sé si empujándome a que me lo creyera, asegurándome que era verdad, o llenos de furia diciéndome que te dejase espacio de una maldita vez.

Ayer me dijiste que no me querías, pero no puedo evitar recordar todas las conversaciones que hemos tenido desde el día 22 en que lo dejaste, los momentos que hemos pasado e incluso dormido juntos, cuando me presentaste a tus mejores amigos o me dejaste acompañarte a Avilés. Este final no tiene lógica. Parece más bien un sacrificio por tu parte en darme el mayor golpe de mi vida para sacarme de la mierda de mundo en la que estaba metido. Parece que te estás haciendo tanto daño a ti misma como el que me estás haciendo a mi.

No sé si es un acto de autodefensa para apartarme de ti por llevarte conmigo en mi espiral de mierda, o de solidaridad extrema para salvarme sacrificándolo todo. No sé nada. Sólo resuenan en mi cabeza ese "Diego, no, ya no te quiero" y el "Debes hacer las cosas por ti, no por mi", mientras me inunda una pena inmensa.

He pasado la noche llorando, llorando entre el sillón en el que pasábamos acurrucados las tardes de domingo y la cama en la que no sé dormir sin ti. Dándole vueltas a todo y recordando cada uno de los millones de besos que nos dimos. Llegando a la conclusión de que vuelvo a estar solo. De que Te Quiero con toda mi alma y vuelvo a estar solo. De que Te Quiero y debo luchar por mi. De que Te Quiero y nada es blanco o negro. De que Te Quiero y aquí seguiré, creciendo mientras veo pasar el tiempo, cuidándote desde la sombra, esperando que algún día podamos tener otra primera cita.

Te Quiero.

Recuerdo (II)

El día que al salir de trabajar el viernes por la tarde, en esos cuarenta y cinco minutos que tenías para prepararte para el siguiente trabajo, venías a mi casa a hacerlo. Cuarenta y cinco minutos en los que intentaba cuidarte para que tu día fuese un poquito mejor, y la noche empezase bien. Uno de esos días me dijiste que tenías hambre, mirándome con esos ojitos, secador y cepillo del pelo en mano. Yo no tenía más que unas tristes mandarinas.

La cara de alegría que se te ponía cada vez que te daba un gajo de la mandarina, y que dejaba paso al instante otra vez a la cara de concentración en tu preparación. Cada gajo una sonrisa. Por cada una de esas sonrisas daría mi vida.

Dolor

Me encuentro muy mal físicamente. Desde hace unos días tengo mareos constantes y siento nauseas, que me quitan las ganas de comer pero no llegan a hacerme vomitar. No sé si habrá tenido que ver con dejar el café y todo lo que tenga cafeína de forma radical, tampoco creía que tomase tanto, aunque leyendo páginas de Internet especializadas parece que tenía todos los síntomas de un exceso de cafeína.

He conseguido levantarme para venir al trabajo tras horas en la cama despierto, tiritando de frío, soñando despierto contigo y deseando con todas mis fuerzas que todo esto sea una gigantesca broma de un dios en el que no creo.

Hace tiempo que no tengo ninguna salida de tono, ninguna bordería con nadie, no sé si por estar hecho mierda, por empezar a ver una salida a la carrera o porque antes pensaba el café por mi.

Ayer nos vimos, hablamos ligeramente, de forma distante y cordial. Esa cordialidad que tanto odio. Cada vez que te veo me da la impresión de que estamos más o más lejos, y de que es más imposible que jamás quieras nada conmigo.

Antes cuando yo tenía que estudiar también apartaba a la gente, en la época en la que íbamos y veníamos coincidió algún febrero o junio en el que desaparecí. Pero ahora... ahora eras tú lo que me hacía feliz, y al ser feliz se me hacía más fácil pasar horas y horas estudiando. Ahora todo esto es cuesta arriba. Por momentos te veo lejos, sin quererme, siguiendo tu vida como si yo no existiera y el corazón se me hace añicos.

Quizá no me di cuenta de la verdadera magnitud de lo que sentía cuando estaba contigo hasta aquella noche del 22 de diciembre, quizá me he merecido todo esto por no tratarte como de verdad merecías, por no quererte cada segundo, por no quererte constantemente y a veces dejarme llevar por la razón, por el pesimismo. Pero si todo es así, si los motivos por los que lo acabaste son distintos a que ya no me quieres todo es salvable. Así lo veo yo. Mientras quede algo en tu corazón no puedo dejar de luchar.

Te quiero.

Llorar

Tengo momentos en que no tengo más que ganas de llorar, en las que tengo que irme a los baños, sentarme y dejar que pasen. Momentos en los que se me hace un nudo en el estómago y tengo ganas de vomitar.

Lucho con todas mis fuerzas contra el pensamiento de que jamás volverás conmigo pero no siempre lo consigo. Todo esto sería más fácil contigo. Podría luchar igual por cambiarlo todo mientras estamos juntos. Esto es un puto infierno.

Recuerdo

El día en que tímidamente me preguntaste si tenía Teledeporte, entre mucho misterio, y cuando te dije que sí te reíste con esa risa de niña pequeña y con vocecita preguntaste: "Puedo ir a ver la natación sincronizada a tu casa?"

Los besos entre equipo y equipo, y la forma en que me apartaste en cuanto salió España. Nunca me había gustado tanto ese deporte. Nunca ese sillón viejo había sido tan cómodo.

Ahora

El trabajo se hace eterno y aburrido, por momentos se convierte más en un medio hacia el fin que el fin en si mismo. Ya no me interesa seguir aquí. Ahora lo tengo claro. Se ha convertido en el trabajo que paga las facturas, ahora soy consciente de ello. Y como eso me lo tomaré.

Mi fin es mi vida, mi fin es la carrera, mi fin eres tú, Carmen. Aunque me alejes poco a poco de tu vida yo seguiré ahí. Tus miradas me tranquilizan y me centran más que cualquier pensamiento. La idea de recuperarte, de hacerte feliz, me impulsa más que cualquier meta.

Ahora voy a sacarme el carnet y dejar de sentirme tan crío. Así podré comprarme un coche barato y podremos dormir tranquilamente en tu casa entre semana, dejándote en la cama durmiendo y yendo a mi trabajo.

Y a cada paso estaré un paso más cerca de ti.

Distancia

Pensé que poner distancia de por medio y escapar a un lugar en el que no todo me recordase a ti me ayudaría a no recordarte cada minuto, y así ser capaz de darte la distancia que pides. Parece que me volví a equivocar porque aquí todas las cosas también me recuerdan a ti. Todas las situaciones acaban contigo en mi cabeza.

Esta mañana me desperté en una cama en la que nunca había dormido contigo pensando en ti, con el corazón apretado, con ganas de seguir durmiendo para no pensar y sin poder dormir por no dejar de pensar en ti. Sin dejar de recordar cómo es despertarme a tu lado, esa calidez, esa carita preciosa entre el pelo revuelto y ese "espera, espera que me tengo que espurrir".

Mi vida era gris y le diste color. Mi vida vuelve a ser gris.

Syndicate content