Porcentaje infinitesimal

Los seres vivos son sorprendentes. Sorprendente es el hecho de que nuestra única razón de ser, y de ser como somos, es que pueda haber otro después de nosotros. Aunque, sin duda, sería mejor para el planeta que fracasásemos en nuestro propósito parece ser que se nos da bien y aquí seguimos.

Ahora resulta que dicen que la información genética condiciona la mayor parte de lo que somos y seremos, y que el entorno tiene bastante poco que decir al respecto. Así deberíamos estar condenados a cometer los mismos errores que, digamos, el mínimo común múltiplo de los errores de nuestros padres. Así que a menos que tus padres sean Gandhi y Santa Teresa de Jesús deberías aplicarte eso de: agárrate que vienen curvas.

Creo que ha quedado claro que tenemos bastante sobre los hombros simplemente con lo que no podemos cambiar, como para sumarle a nuestra carga todo aquello que, en teoría, está en nuestra mano. Así intentamos pasar por el mundo dejando algo más que genes, influyendo en la dirección de esta especie aunque solo sea de forma infinitesimal. Esa influencia se llama cultura, la cultura es el conjunto de los conocimientos de la especie.

Cualquier persona puede enseñar y de cualquier persona se puede aprender pero, en los ambientes académicos, esas personas suelen ser conocidas como profesores. Profesores en sus distintos rangos y colores, olores y sabores. Los hay de fresa y de limón, con o sin palo. Al igual que en el caso de los conocimientos la diferencia entre profesores no radica en el exterior. No es el QUÉ, es el CÓMO. Nada tiene que ver si ese profesor todo un doctor o un simple becario, los conocimientos no entienden de rangos.

Aquí viene la visión romántica, visión que, creo, muchos han perdido y se conforman con lo que ahora son, después de haber olvidado lo que en su momento fueron, o quisieron ser. Cuando alguien decide ser profesor debe afrontar el hecho de que influirá en la vida de la gente. Quizá los cambios que provoque sean inapreciables, pero quizá cambien el rumbo de una vida o de una especie.

Ignoro infinitas cosas, pero puedo decir que he tenido unos cuantos profesores. Profesores de colegio, de instituto, de universidad e incluso de natación. Algunos de esos profesores me han enseñado mucho pero no he aprendido nada, otros, me han hecho como soy. No es lo que se enseñe, es el cómo se enseñe lo que influye en el estúpido porcentaje que la naturaleza deja de margen.

Quizá ninguno de los que deberían leer esto lo haga, pero en el caso de que seas tú uno de ellos: Por favor, piensa lo que haces cada día, piensa por qué quisiste empezar a hacerlo, piensa en cada uno de tus alumnos como lo que, en realidad, somos, el único fruto, además de tus hijos, de tu existencia, y lo que quedará cuando tú mueras. Si esto te hace pensar solo una décima de segundo yo también habré cumplido mi propósito en este mundo.