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Un Día NubladoAyer cuando desperté ya no te sentía. Algo había cambiado. Caminé, incrédulo, hasta el baño echando de menos el echarte de menos, sintiendo en mis pies el frío suelo de la mañana de octubre, y me paré frente al espejo. Aquel al que vi no era el de la noche anterior, con la barba de tres días parecía más viejo, estaba gastado, corroído por una melancolía de tres años, y era real. Era como ver una película europea después de llevar toda la vida viendo cine americano, grabadas a mayor velocidad parecen más bonitas, más vistosas, pero con esos colores vivos son irreales. Ahora mi cara tenía un color apagado, mi pelo un castaño mate y mis ojos el brillo triste del mar en día nublado. Mis lágrimas eran solo sal. Pasé el día sin pensar en ti, y cuando, a media tarde, me llamaste para preguntarme, de esa manera tan casual que tienes, qué tal me iba la vida, tuve la fuerza suficiente para pedirte que si no sentías nada por mi por favor desaparecieras de ella. No fue como otras veces en las que mi cerebro te quiere olvidar y mi corazón lucha por hacerle entrar en razón dándole patadas a mi conciencia, esta vez el corazón estaba mirando fijamente a mi cerebro, asintiendo calmadamente. Ya no había dolor. Y cuando colgué el teléfono no hubo arrepentimiento, ni siquiera pasaste un segundo más en mi cabeza. Seguí con mi vida. Fue tan fácil que resultó irreal poder seguir concentrado en el libro que estaba leyendo después de tu llamada, antes podía dar por perdido un día entero después de un mensaje tuyo. Me acosté temiendo despertar del sueño y que la maldición de quererte hubiese tomado maneras mucho más irónicas de hacerme infeliz. No soñé, fue una noche negra, y cuando abrí los ojos no estabas allí. En ocho años, en un tercio de mi vida, no había habido día en el que no fueses mi primer pensamiento, en el que el recuerdo del olor de tu pelo a dos centímetros de mi cara no me hiciese echarte de menos allí donde o con quien durmiese. Era libre. Sólo te quería, como decías que me querías, ese amor de amigo que tan poco significa cuando has amado, ese amor que no duele, ese amor que permite el olvido. Hoy mi cara tenía color de día nublado, barba de cuatro días y ojos con un poco de alegría.
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