Recuerdo

El día en que tímidamente me preguntaste si tenía Teledeporte, entre mucho misterio, y cuando te dije que sí te reíste con esa risa de niña pequeña y con vocecita preguntaste: "Puedo ir a ver la natación sincronizada a tu casa?"

Los besos entre equipo y equipo, y la forma en que me apartaste en cuanto salió España. Nunca me había gustado tanto ese deporte. Nunca ese sillón viejo había sido tan cómodo.