Ayer me dijiste directamente que no me querías. Que ya no sentías nada por mi. Me lo dijiste. Esas palabras salieron de tus labios, cara a cara, y se clavaron en mi corazón haciéndolo añicos.
"Diego, no, ya no te quiero" -- Eso me dijeron tus labios mientras tus ojos me miraban intensamente. No sé si empujándome a que me lo creyera, asegurándome que era verdad, o llenos de furia diciéndome que te dejase espacio de una maldita vez.
Ayer me dijiste que no me querías, pero no puedo evitar recordar todas las conversaciones que hemos tenido desde el día 22 en que lo dejaste, los momentos que hemos pasado e incluso dormido juntos, cuando me presentaste a tus mejores amigos o me dejaste acompañarte a Avilés. Este final no tiene lógica. Parece más bien un sacrificio por tu parte en darme el mayor golpe de mi vida para sacarme de la mierda de mundo en la que estaba metido. Parece que te estás haciendo tanto daño a ti misma como el que me estás haciendo a mi.
No sé si es un acto de autodefensa para apartarme de ti por llevarte conmigo en mi espiral de mierda, o de solidaridad extrema para salvarme sacrificándolo todo. No sé nada. Sólo resuenan en mi cabeza ese "Diego, no, ya no te quiero" y el "Debes hacer las cosas por ti, no por mi", mientras me inunda una pena inmensa.
He pasado la noche llorando, llorando entre el sillón en el que pasábamos acurrucados las tardes de domingo y la cama en la que no sé dormir sin ti. Dándole vueltas a todo y recordando cada uno de los millones de besos que nos dimos. Llegando a la conclusión de que vuelvo a estar solo. De que Te Quiero con toda mi alma y vuelvo a estar solo. De que Te Quiero y debo luchar por mi. De que Te Quiero y nada es blanco o negro. De que Te Quiero y aquí seguiré, creciendo mientras veo pasar el tiempo, cuidándote desde la sombra, esperando que algún día podamos tener otra primera cita.
Te Quiero.