Dumbo

Mi historia en el fondo es como la de Dumbo. Me siento de la misma forma que debía sentirse él. Jamás he creído que yo pueda conseguir ciertas cosas y él jamás pensó que pudiese volar. Durante su vida se encontró con personas que intentaron ayudarle pero sólo algunos consiguieron hacerse paso en su cabezonería y pesimismo. Uno de los pocos que lo consiguió le dio una pluma, y le enseñó a creer que agarrado a ella podría volar.

Yo he conocido a mucha gente y creo que mucha ha intentado ayudarme mientras yo no me dejaba ayudar. De toda esa gente tú, y sólo tú conseguiste pasar todas las barreras y meterte bien dentro. Sólo tú has llegado a la distancia en la que soy totalmente vulnerable. Con tu empuje volví a salir de mi cueva, al menos tímidamente hasta la puerta, y poco a poco hasta me creí capaz de volar. Agarrado a ti.

Eras la pluma que me hacía pensar que podía volar, con la que conseguí empezar a hacerlo. Poco a poco dejé de necesitar que me lo dijeras y empezaba a creérmelo. Poco a poco estaba arreglando todos los problemas.

Nunca pensé que durante una de las épocas más bajas de mi vida, con el trabajo, el otro trabajo y las mil responsabilidades adquiridas que no eran responsabilidades obligatorias pero yo las creía así, decidieras quitarme la pluma y darme el empujón definitivo para que o vuele o me estrelle contra el suelo. Pero así lo has hecho y ya no hay vuelta atrás. O tú piensas que no hay vuelta atrás y yo espero que te acerques un día y me digas que me vas a acompañar en este puto infierno o esperarme a la salida.

Ahora no me queda más que evitar la caída y volar, y una vez que me mantenga por mi mismo volver a buscarte y, por muy cursi que suene, surcar los cielos de este puto mundo juntos.

Porque sin ti ningún éxito será victoria.