Esta mañana fui al gimnasio con la cabeza llena de motivos contradictorios: quería ir para fortalecer la rodilla, para verte y no quería verte.
No es exactamente así, no es que no quisiera verte, tenía un miedo terrible a que durante una conversación estúpida mientras estábamos en el gimnasio me dieses cualquier señal de que habías seguido con tu vida. No ya sólo seguir con tu vida, sino hacer algo que conmigo sentías que no podías hacer, algo que me dejase pensando durante horas de cuántas cosas no me di cuenta mientras estábamos juntos.
Sé y siempre he sabido que si en algún momento me hubieses pedido que no fuese un día a aikido por hacer algo juntos, lo hubiese hecho, sin más. Sé que habría pedido días de vacaciones en el trabajo por pasarlos contigo y habría dejado de ir al laboratorio por las tardes. Yo lo tengo claro, pero supongo que nunca te lo hice entender a ti y por eso pensabas que debía salir de mi. Tú también podías pedir que cambiase cosas de mi vida niña, mi vida era vida porque estabas tú. Sin ti sólo era, y es, trabajo, deber.
Ahora nuestra relación es neutra, cordial. Me gusta poder seguir hablando contigo a pesar de que detrás de cada punto y coma pienso: "te está olvidando, sólo te quiere como amigo". Siento una mezcla entre tranquilidad y depresión cada vez que pasa esto, como si una parte de mi dijese que todavía queda esperanza y el tiempo hará que volvamos a estar juntos, y otra parte me recuerde la relación cordial que tienes con tus exnovios y que yo no seré más que un punto y seguido en tu vida.
Se me hace imposible imaginarme sin ti. Se me hace imposible no pensar en noches estrelladas abrazado a ti en una playa de Nueva Zelanda.