Las noches sin ti son eternas y llevan a días eternos. Echo de menos el que me despertases cuando llegabas de trabajar de madrugada, ver tu carita a veces sonriente a veces cansada entrar por la puerta, cambiarte rápido y acurrucarte en la cama, conmigo. Y sentir que te relajabas, que se acababa la semana, que sólo quedaba el domingo. Un domingo que pasábamos juntos, sin pensar en nada más que nosotros, sin mundo fuera, sin prisas, sin nada más que besos, napolitanas de chocolate y granizado de limón.
Sueño con el sonido del teléfono móvil, con tu llamada diciéndome que ya estás llegando, cada noche. Cada noche sueño contigo.