Ayer estaba corriendo por el río, como sabes que hago de vez en cuando intentando recuperar la rodilla izquierda, y mientras corría escuchaba una conferencia sobre las bases psicológicas defindas por Freud. El profesor, John Wolfe, contaba que no se puede explicar a los niños los conceptos de Ello, Yo y Superyo, ni las etapas Oral, Anal y Fálica, pero que la cultura a lo largo de los tiempos ha aprendido a enseñar sin enseñar. La herramienta principal utilizada son los cuentos populares, y uno de esos cuentos es La Bella y la Bestia.
A continuación pasa a contar el cuento, no la versión de Disney sino el original, haciendo hincapié en los signos principales. A mi no me interesa hablar aquí de Freud, me interesa contarte el cuento:
Había una vez un comerciante muy rico que tenía tres hijas. Dos de ellas eran poco agraciadas y la tercera era preciosa, por lo que la llamaron Bella. Las tres tenían numerosos pretendientes debido a la riqueza de su padre, y mientras que las dos primeras los rechazaban con desprecio Bella era amable con ellos y los rechazaba cortesmente.
Un día su padre se fue de viaje y las tres les pidieron un regalo. Mientras que las dos hermanas mayores pedían riquezas, Bella sólo pidió una rosa.
Cuando el padre volvió a puerto a la vuelta del viaje se dio cuenta de que se había olvidado de la rosa. Mientras volvía de camino a casa se adentró en una tormenta y tuvo que refugiarse en un gran castillo. Al principio el castillo parecía estar abandonado, pero todo estaba limpio y colocado, así que pasó la noche, y al despertar se encontró con el desayuno al lado de su cama y un traje nuevo. Cuando se iba a ir recordó la promesa a Bella y cortó una rosa del jardín.
En ese momento apareció La Bestia reprochándole que, después de toda su hospitalidad, se hubiera intentado llevar algo. Como castigo debía matarle. El padre suplica ver a sus hijas una última vez y La Bestia accede a cambio de que una de ellas ocupe su lugar.
El padre vuelve y después de contarle la historia a sus hijas Bella se ofrece a ocupar su lugar ya que era por la rosa que ella había pedido por la que había pasado todo.
Bella volvió al castillo esperando la muerte, pero no fue así. Bestia le dijo que debería vivir allí para siempre, pero que tendría todos los lujos e incluso un espejo mágico en el que ver a su familia, excepto abandonar el castillo.
Mes tras mes, en las cenas de cada uno de los días, Bestia le pedía un beso a Bella, y ella, cada vez, le decía que sólo le concedería la amistad. Así pasó el tiempo.
Hasta que un día Bella vio en el espejo que su padre estaba enfermo y su familia había caído en desgracia, con sus hermanas casadas por dinero e infelices. Bella pidió a Bestia ir a ver a su padre y él accedió, siempre y cuando ella volviese en siete días.
Así Bella fue, y cuidó de su padre, pero sus hermanas la engañaron para que se quedase más y más días. Cuando Bella se dio cuenta de que estaba rompiendo la promesa a Bestia volvió al castillo, para encontrar a Bestia moribundo de todo lo que la echaba de menos.
Bella besó la mano de Bestia, susurrándole que en realidad le amaba, y ese beso rompió la maldición devolviendo a Bestia a su forma de hombre.
¿Por qué te cuento esto? Yo soy la Bestia.
La vida hasta que te conocí era mi maldición, todo lo que había vivido, lo encerrado que estaba en mi mismo, sumergido en el trabajo que evitaba que pensase en lo infeliz que era.
Los meses que he pasado contigo han sido los mejores de mi vida, aunque al final la presión de mi trabajo acabase por llevarnos a un punto en el que no te trataba tan bien como merecías, no puedo hacer más que recordarte constantemente con una sonrisa de melancolía.
Te fuiste, te fuiste y a pesar de que me costó semanas te dejé marchar. Y aquí te espero, agonizante, soñando con ese día en que vuelvas y me digas que me quieres, liberándome de todo, atándome sólo a ti.
Porque ese es el futuro que quiero: nuestro futuro. Te quiero.