Tu final

Ayer me dijiste directamente que no me querías. Que ya no sentías nada por mi. Me lo dijiste. Esas palabras salieron de tus labios, cara a cara, y se clavaron en mi corazón haciéndolo añicos.

"Diego, no, ya no te quiero" -- Eso me dijeron tus labios mientras tus ojos me miraban intensamente. No sé si empujándome a que me lo creyera, asegurándome que era verdad, o llenos de furia diciéndome que te dejase espacio de una maldita vez.

Ayer me dijiste que no me querías, pero no puedo evitar recordar todas las conversaciones que hemos tenido desde el día 22 en que lo dejaste, los momentos que hemos pasado e incluso dormido juntos, cuando me presentaste a tus mejores amigos o me dejaste acompañarte a Avilés. Este final no tiene lógica. Parece más bien un sacrificio por tu parte en darme el mayor golpe de mi vida para sacarme de la mierda de mundo en la que estaba metido. Parece que te estás haciendo tanto daño a ti misma como el que me estás haciendo a mi.

No sé si es un acto de autodefensa para apartarme de ti por llevarte conmigo en mi espiral de mierda, o de solidaridad extrema para salvarme sacrificándolo todo. No sé nada. Sólo resuenan en mi cabeza ese "Diego, no, ya no te quiero" y el "Debes hacer las cosas por ti, no por mi", mientras me inunda una pena inmensa.

He pasado la noche llorando, llorando entre el sillón en el que pasábamos acurrucados las tardes de domingo y la cama en la que no sé dormir sin ti. Dándole vueltas a todo y recordando cada uno de los millones de besos que nos dimos. Llegando a la conclusión de que vuelvo a estar solo. De que Te Quiero con toda mi alma y vuelvo a estar solo. De que Te Quiero y debo luchar por mi. De que Te Quiero y nada es blanco o negro. De que Te Quiero y aquí seguiré, creciendo mientras veo pasar el tiempo, cuidándote desde la sombra, esperando que algún día podamos tener otra primera cita.

Te Quiero.

Recuerdo (II)

El día que al salir de trabajar el viernes por la tarde, en esos cuarenta y cinco minutos que tenías para prepararte para el siguiente trabajo, venías a mi casa a hacerlo. Cuarenta y cinco minutos en los que intentaba cuidarte para que tu día fuese un poquito mejor, y la noche empezase bien. Uno de esos días me dijiste que tenías hambre, mirándome con esos ojitos, secador y cepillo del pelo en mano. Yo no tenía más que unas tristes mandarinas.

La cara de alegría que se te ponía cada vez que te daba un gajo de la mandarina, y que dejaba paso al instante otra vez a la cara de concentración en tu preparación. Cada gajo una sonrisa. Por cada una de esas sonrisas daría mi vida.

Dolor

Me encuentro muy mal físicamente. Desde hace unos días tengo mareos constantes y siento nauseas, que me quitan las ganas de comer pero no llegan a hacerme vomitar. No sé si habrá tenido que ver con dejar el café y todo lo que tenga cafeína de forma radical, tampoco creía que tomase tanto, aunque leyendo páginas de Internet especializadas parece que tenía todos los síntomas de un exceso de cafeína.

He conseguido levantarme para venir al trabajo tras horas en la cama despierto, tiritando de frío, soñando despierto contigo y deseando con todas mis fuerzas que todo esto sea una gigantesca broma de un dios en el que no creo.

Hace tiempo que no tengo ninguna salida de tono, ninguna bordería con nadie, no sé si por estar hecho mierda, por empezar a ver una salida a la carrera o porque antes pensaba el café por mi.

Ayer nos vimos, hablamos ligeramente, de forma distante y cordial. Esa cordialidad que tanto odio. Cada vez que te veo me da la impresión de que estamos más o más lejos, y de que es más imposible que jamás quieras nada conmigo.

Antes cuando yo tenía que estudiar también apartaba a la gente, en la época en la que íbamos y veníamos coincidió algún febrero o junio en el que desaparecí. Pero ahora... ahora eras tú lo que me hacía feliz, y al ser feliz se me hacía más fácil pasar horas y horas estudiando. Ahora todo esto es cuesta arriba. Por momentos te veo lejos, sin quererme, siguiendo tu vida como si yo no existiera y el corazón se me hace añicos.

Quizá no me di cuenta de la verdadera magnitud de lo que sentía cuando estaba contigo hasta aquella noche del 22 de diciembre, quizá me he merecido todo esto por no tratarte como de verdad merecías, por no quererte cada segundo, por no quererte constantemente y a veces dejarme llevar por la razón, por el pesimismo. Pero si todo es así, si los motivos por los que lo acabaste son distintos a que ya no me quieres todo es salvable. Así lo veo yo. Mientras quede algo en tu corazón no puedo dejar de luchar.

Te quiero.

Llorar

Tengo momentos en que no tengo más que ganas de llorar, en las que tengo que irme a los baños, sentarme y dejar que pasen. Momentos en los que se me hace un nudo en el estómago y tengo ganas de vomitar.

Lucho con todas mis fuerzas contra el pensamiento de que jamás volverás conmigo pero no siempre lo consigo. Todo esto sería más fácil contigo. Podría luchar igual por cambiarlo todo mientras estamos juntos. Esto es un puto infierno.

Recuerdo

El día en que tímidamente me preguntaste si tenía Teledeporte, entre mucho misterio, y cuando te dije que sí te reíste con esa risa de niña pequeña y con vocecita preguntaste: "Puedo ir a ver la natación sincronizada a tu casa?"

Los besos entre equipo y equipo, y la forma en que me apartaste en cuanto salió España. Nunca me había gustado tanto ese deporte. Nunca ese sillón viejo había sido tan cómodo.

Ahora

El trabajo se hace eterno y aburrido, por momentos se convierte más en un medio hacia el fin que el fin en si mismo. Ya no me interesa seguir aquí. Ahora lo tengo claro. Se ha convertido en el trabajo que paga las facturas, ahora soy consciente de ello. Y como eso me lo tomaré.

Mi fin es mi vida, mi fin es la carrera, mi fin eres tú, Carmen. Aunque me alejes poco a poco de tu vida yo seguiré ahí. Tus miradas me tranquilizan y me centran más que cualquier pensamiento. La idea de recuperarte, de hacerte feliz, me impulsa más que cualquier meta.

Ahora voy a sacarme el carnet y dejar de sentirme tan crío. Así podré comprarme un coche barato y podremos dormir tranquilamente en tu casa entre semana, dejándote en la cama durmiendo y yendo a mi trabajo.

Y a cada paso estaré un paso más cerca de ti.

Distancia

Pensé que poner distancia de por medio y escapar a un lugar en el que no todo me recordase a ti me ayudaría a no recordarte cada minuto, y así ser capaz de darte la distancia que pides. Parece que me volví a equivocar porque aquí todas las cosas también me recuerdan a ti. Todas las situaciones acaban contigo en mi cabeza.

Esta mañana me desperté en una cama en la que nunca había dormido contigo pensando en ti, con el corazón apretado, con ganas de seguir durmiendo para no pensar y sin poder dormir por no dejar de pensar en ti. Sin dejar de recordar cómo es despertarme a tu lado, esa calidez, esa carita preciosa entre el pelo revuelto y ese "espera, espera que me tengo que espurrir".

Mi vida era gris y le diste color. Mi vida vuelve a ser gris.

Camino

No lo había vuelto a pensar hasta ahora. El día que tú, tus hermanas, tu sobrino y yo vimos "Up" debí aprender muchas cosas. Muchas.

La película debió enseñarme que el verdadero viaje en la vida es la propia vida, la gente con la que la compartimos y los momentos que pasamos juntos. Que todo lo demás son herramientas para ser feliz, a veces necesarias pero jamás indispensables. Que el trabajo, es eso: trabajo.

De ti y de tus pequeñas hermanas debi aprender que soy un gilipollas. Un gilipollas que se siente inseguro incluso porque dos pequeñas señalen una mancha en mi pelo sin maldad ninguna. ¿Cómo puedo estar seguro con alguien si no estoy seguro de mi mismo? ¿Cómo puedo estar seguro de mi mismo si no hago más que reprocharme cosas? ¿Cómo puedo dejar de reprocharme cosas si no hago por cambiarlas? ¿Por qué no cambio las cosas?

El camino está claro. ¿Me esperarás mientras lo ando? ¿Lo andarás conmigo?

Escapar

He intentado escapar. He intentado irme de esta casa y esta ciudad en la que todo me recuerda a ti para evitar la tentación de molestarte con llamadas, mensajes y visitas inoportunas, y el Universo (mi despertador) se ha puesto en mi contra.

Me morderé los dedos hasta que pueda irme.

Te echo de menos :(

El útimo razonamiento

Sé que ahora mismo podría estar contigo, viéndote, incluso hablandote. Lo sé. Resuena en mi cabeza, estruja mi corazón. Sé que podría andar quince minutos y te vería, te sentría. Sentiría ese extraño halo que te envuelve, esa esfera de dulzura que me dejabas ver y que sé que sigue ahí.

Cada minuto que pasa en el ruidoso reloj de mi salón me grita que me levante y corra a verte, a suplicarte. Cada segundo que pasa, cada segundo, pienso un millón de veces en el sabor de tus labios.

Pero me pediste que te diese espacio, que me apartase. Quizá me lo pediste para reiniciar tu mente, para olvidarte de lo malo y para dejar de reprocharme cosas. O quizá me lo pediste para poder olvidarme poco a poco y sacarme de tu vida. Para olvidarme y olvidar los domingos, las paradas en estaciones de servicio comiendo Donettes (rayados) y Cocacolas de medio litro entre risas después de una tarde tirados en la playa, las pizzas y las promesas de no comer medianas nunca más, las tardes de compras en las que te ponías de tan mal humor, los desayunos a medida, mis comidas experimentales, el granizado con cuchara en el coche, las noches abrazados de calor tropical en pleno invierno, e incluso los kiwis que no nos dio tiempo a comer juntos lejos de este lugar.

Debo confiar y por eso dejo a mi cerebro retener a mi corazón como última cosa en la que mandará, porque si he aprendido una cosa de ti es que lo que yo hacía no era vivir. Porque se han acabado los razonamientos excesivos, la lógica aplastante y la frialdad.

Porque te quiero, porque ya estás dentro y no tiene sentido defenderse de nada, cuando tienes mi corazón en tus manos, cuando lo has tenido siempre y no quiero que lo tenga ninguna otra persona.

Confío

Cada minuto que paso sin saber de ti es una agonía. Cada día que paso sin verte se hace eterno. A medida que se acumulan los minutos en los que no te he visto es más y más dificil pensar en otra cosa en la que no seas tú, tus carcajadas y tus besos.

Debo confiar en que todas las veces que me dijiste "Te Quiero" fueron verdad, en que cada minuto feliz que pasamos juntos aún se encuentra en algún lugar dentro de ti. Debo confiar en que me echarás de menos, en que te darás cuenta de que lo estoy intentando, que estoy haciendo todo lo posible e imposible para que seas feliz a mi lado, que estoy cambiando mi vida, que estoy afrontando mis miedos. Que estoy dejando todo lo que no es importante para poder liberarme, acabando lo que me ata aquí y me dice cada día que soy un fracaso, que soy un crío, que no merezco que nadie me quiera de verdad y me sea fiel.

Eres mi motivación y mi único miedo. El miedo de que cuando lo consiga no estés ahí. Porque lo conseguiré, por mi y por ti. Por nosotros.

Te perdí

Podría decir que te perdí un 22 de diciembre, pero no sería verdad. Te perdi desde el primer beso que nos dimos, rodeados de gente y música. Desde que nuestros labios se juntaron comencé a perderte.

Vine y me fui infinitas veces, sin explicación. Por miedo a quererte, a que me calases y me hicieses daño. Te veía como la chica que no me necesitaba ni me necesitaría, rodeada de amistades y con millones de posibilidades infinitamente mejores que yo. En mi cabeza sólo era cuestión de tiempo que te cansases de mi. Eso es lo que pensaba, constantemente.

Cada fin de semana juntos era mejor, cada lunes era más horrible. ¿Cómo le dices a una mujer que lo puede tener todo que se conforme contigo?

Hasta que te fuiste, y te llevaste parte de mi. Y volviste, y volvió el miedo. El miedo. No soy más que miedo. Inseguridad y miedo.

No sé cuándo empecé a quererte. No sé cuando decidi que daba igual querer verte constantemente, que daba igual dejarte entrar. No sé cuándo entraste. No me di cuenta cuando te encerraste dentro.

Nunca he dejado de tener miedo a que te canses de mi. Ese miedo es el que ha hecho que te canses. ¿Cómo supero un miedo que no sé de dónde nace? ¿Cómo vivo sin quien no quiero vivir?

Antes de ti el trabajo era lo importante, era mi vida. La carrera era un peso que debía quitarme de encima para poder seguir subiendo en el trabajo. Así vivía. A tus ojos: sin vivir.

Antes de dejarme ya me habías cambiado. Ya habíamos soñado juntos con dejarlo todo y volar. Y te había dicho que sí. El trabajo se volvió sólo un medio y tú te volviste todos mis fines.

La carrera ya es lo único que me ata aquí, y mi cabeza me dice que es lo único que me separa de ti. En ella debo centrar toda mi mente y ganar mi libertad, pero ¿cómo centro toda mi mente cuando no puedo dejar de pensar en ti?

No puedes volver conmigo si no cambio, me cuesta concentrarme si no estamos juntos, si no me concentro no puedo cambiar. Estoy en un pozo.

Pero el pozo no es el problema. Sé que puedo salir. El miedo, el único miedo que tengo ahora es si tú estarás fuera, esperándome, cuando yo llegue.

Sé lo que vas a decir: "eso no es lo importante, lo importante es que salgas del pozo". Sé que es lo importante, sé que no debo pensar más lejos, pero...

Tú no te has besado, tú no has soñado contigo y cuando te has despertado has estado ahí. Yo te he besado, he soñado contigo y cuando me he despertado estabas ahí, acurrucada, profundamente dormida y dulce, y cuando te besaba dormida sonreías. Esa sonrisa. Por esa sonrisa te necesito. Te necesito el resto de mis días.

Porque tú haces que pueda cambiar, tú haces que tenga sentido.

Syndicate content